De nuestros miedos nacen nuestros corajes, y en nuestras dudas viven nuestras certezas.
Los sueños anuncian otra realidad posible, y los delirios otra razón.
En los extravíos nos esperan los hallazgos porque es preciso perderse para volver a encontrarse.
Encontrarse, de Eduardo Galeano
En la Asamblea especialmente convocada para tratar la construcción de un nuevo edificio para el jardín de infantes, los temas expuestos giraban alrededor de un posible crédito, las tasas de interés, cantidad de cuotas, montos que podríamos pagar, deudas canceladas, futuro económico del país, crisis internacional, etc.
El riesgo a asumir era, y sigue siendo, importante y había que tomar una decisión.
En primer lugar, fue necesaria una política gubernamental dirigida a entidades como la nuestra, la que nos permitió estar encuadrados dentro de los requisitos para acceder a un crédito, con tasas muy diferentes a las de los bancos privados. Sin esta posibilidad, hoy sería un proyecto más en la lista de los pendientes.
Pero también fue necesario el accionar denodado de las personas (personal de la escuela y de nuestra comisión) encargadas de cumplir todos los trámites y presentaciones de documentación, duplicando su esfuerzo incluso durante las vacaciones de verano y así poder aplicar como beneficiarios del programa Fuerza Solidaria.
Y fue indispensable una actitud positiva y valiente por parte de los directivos, en el sentido de afrontar responsablemente, una vez más en tantos años de trabajo un nuevo desafío.
Muchas veces sentimos que estamos un poco a contramano de la supuesta realidad, construyendo un ideal en momentos en que todo indica que sería imposible.
Y esto da otra perspectiva a la hora de los resultados, demuestra que los proyectos de una comunidad pueden ser independientes de las situaciones circunstanciales, ¿o acaso existe otra forma de construir esos sueños?
Volviendo a la Asamblea. A la exposición inevitablemente fría de los números, contrapesó la historia, las anécdotas de los inicios, el origen de todo en palabras de las personas que nos fundaron como comunidad y de las personas que, enamoradas de un proyecto educativo no dudaron en integrarse al mismo en plena gestación. Y allí, con la presencia de los socios, con esa suma de relatos y sensaciones, una vez más pesó la emoción. Y eso imprime valor. Valor de valentía y de valores humanos. Ambos fundamentales para llevar adelante la construcción del jardín y cualquier proyecto que emprendamos.
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